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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2009. Resumen
¡El All Star Batman mola un huevo!![]() I, si, si, el All Star Superman es muy bello, es cierto. QUiza sea el mejor comic del año y eso no se discute. ¿Para qué voy a hablar de algo que no se discute? ¿Pero, y el de Batman? solo le han caido palos. A traves de varias ideas debatidas en el focoforo, he acabado cogiendo las mias y reciclandolas en un pequeño artículo que coloque las cosas en su sitio. Ya esta bien de modas:
En una época en la que lo moderno es ser detractor de Miller, (sobretodo teniendo en cuenta que por mucho que se diga la palabra influencia, su idea de Batman choca enormemente con la corriente actual del Batman desapasionado de Nolan y su película con complejo de inferioridad y subtexto en boca de los personajes.) el All star es un desfase muy de agradecer en el mercado mainstrean mas icónico. Es un cómic pocho, casposo, irregular, desequilibrado e infantil. Pero también (o gracias a eso) es desbocado, vitalista, malsano, visceral, paródico, jeta y tocacojones. Una risotada de la hostia en la cara de mucho fanático cascarrabias y fundamentalista, del: "¿Que te ha pasado? tu antes molabas." ó “Debe de ser bueno, porque es muy maduro y muy profundo” Para empezar, aclarar que dios me libre del "es tan malo que es bueno" y de otras de esas justificaciones que uno lee por ahí. Mi defensa parte de una lectura entretenida, algo renqueante al inicio, pero en cuanto se pone en marcha se vuelve tan adrenalínico como desequilibrado. Es muy consciente del tipo de cómic que es: un superventas con Jim Lee y Frank Miller. De ahí van a partir las risas. No nos podemos poner a dudar ahora que en Miller hay unas obsesiones tanto estéticas como ideológicas muy limitadas y muy reiterativas a lo largo de toda su obra. Vamos, que sabíamos que alguien iba a aparecer en una noche lluviosa pegando a un saco, que el cínico protagonista y sus allegados antisistema iban a enfrentarse a cualquier ser grandón y noble con intención de pararles los pies por motivos llenos de equivoca moral tradicional, o que las estoicas frases cortas repetitivas iban a inundar la pagina, etc... (Pueden leer una primitiva parodia de todas esas obsesiones aquí). Pero es que el que aparece pegando a un saco es... ¡un viejo mayordomo hipermusculado!, a Green Lantern le acaban haciendo una traqueotomía (lo de la habitación amarilla no puede ser mas jeta, y al mismo tiempo, resultar una solución argumental que funciona a todos los niveles) y las frases repetitivas son del tipo de: "¿A que mola?". Todo funciona cediendo su lógica al espectáculo, al clímax y a la provocación. Pura cultura pop banal y evocadora. ¡Es un cómic que tiene un desplegable sextuple! si eso no es una invitación al exceso y al gozo despreocupado ya me dirán que es.
El All star de Batman es, en definitiva, una macarrada maravillosa que se lee en un suspiro. Ese Batman destroyer es Jason Statham post Crank. Un tipo loco, psicópata y desequilibrado en el punto álgido de su guerra y que se lo tiene muy creído. Aunque en contadas ocasiones lucidas entre subidón y subidón se de cuenta de que se le va de las manos, no puede parar, ser Batman en ese momento no es ningun sacrificio, es lo mejor del mundo. All Star funciona como imagen especular del DK2 y aumenta el tono punk a limites insospechados. Jugando, como todas las ultimas obras de Miller, con cierta metalingüistica del medio. Si allí teníamos (como pueden leer aquí) la caída de la parábola desde el punto máximo dejado al final del Dark knight, y al mismo tiempo la comprensión y búsqueda de libertad de Batman a través del despertar de los héroes tradicionales (relectura y solución de las consecuencias del propio Dark knight también a nivel del medio y de los héroes noventeros que creó). Aquí Batman desprecia a esos héroes en una lógica de juventud, su sueño esta asentado y es posible, la terrorífica leyenda urbana que lo recordará durante años se forja, ya no hay dudas, solo gozo y emoción irracional, Batman se deja llevar por su mito. Produciéndose así una nueva relectura de los 90, no ya con una negación, si no con una actualización mas pura, mas explicita, menos oscura y mas gozosa. No olvidemos que siempre que Miller guioniza para otros es consciente y les da el material que mejor se aplica a ellos. Vean desde el Elektra Assasin al Hard Boiled. Y aquí Jim Lee se luce, hay escenas que solo sirven para eso. Esto se aprovecha como parte de la diversión. Y Jim Lee es uno de los máximos exponentes de su época, la época que Miller tanto criticaba por no haber entendido nada. Así, el All star funciona como antítesis/parodia/actualización de los 90 y del propio Miller, que como su personaje del DK2, deja atrás toda esa seriedad y todos esos traumas (que al volverse obvios y superficiales, reitero, acaban dando cosas horribles como el Dark Knight de Nolan) y mostrando un cómic lleno de vida y mala baba con un subtexto (positivo o negativo, me da igual) de verdad, puro trash, puro pop. Y Lee, a medida que avanzan paginas parece darse cuenta y entrar poco a poco en el juego. Esto es, de algún modo, lo que todos querían REALMENTE leer cuando compraban un tebeo de la primeriza Image. Si somos superficiales, lo somos de verdad, tan de verdad que signifique algo. En su vacío, en su (de nuevo) visceralidad, Miller nos habla de otra perspectiva del mito, nos recuerda que su Batman es y siempre ha sido mucho mas humano de lo que creemos, demasiado. Si el Dark Knight era un western crepuscular sobre un viejo mito, el Año Uno la dubitativa iniciación y el DK2 una lucha contra la realidad entre el hombre y la leyenda. El All Star es el auge, son todas esas historias extremas y desproporcionadas que contaba haber cometido Clint Eastwood en Sin Perdón. Todo eso de lo que luego hay que arrepentirse. Cuando aun no había culpa, ni reflexión, si no ganas de hacer cosas, de huir del diablo, hacia adelante. Quiza me equivoque. Quizá como mucha gente cree, no hay autoconsciencia en Miller y todo este tomado muy serio y sea malo y cutre. Quizá sea al revés y haya sido Lee quien le ha puesto el cachondeo al guión dibujo a dibujo. En ese caso me daría igual, me la gozo alterando el orden de los factores. Pero de lo que estoy seguro es de que en ese cómic hay mucha mala leche que quiere abofetear un poquito el mainstrean. Y eso nunca aburre ni viene mal. Sinceramente, yo ardo en deseos de leer el final.
Critica Cortinesca: EL SUEÑO ETERNO (1946), de Chandler a Hawks pasando por Faulkner y legando un Bogart![]() Texto y opinión: Maestro Cortina Edición y anotaciones en otro colocillo: El Gótico Recuperando otra de las maravillosas críticas del maestro Cortina, en este caso, acerca de dos obras magnas de su género: el hard boiled literario y el esplendor del hollywood; y de como ambas pueden compartir la misma historia y al mismo tiempo trasladar sus mecansmos. Para su disfrute desde 1875
THE BIG SLEEP SINOPSIS: El detective Philip Marlowe se ve implicado en la investigación de un cadáver sacado de las aguas del muelle Lido. Sin embargo, la atracción que siente por una de las hijas de la adinerada familia que le ha contratado pone en peligro la resolución del caso.
COMENTARIO
Novelas y películas son dos géneros de cosas, dos ligas diferentes. Las novelas son informes, su tiempo de lectura es indefinido, el autor no maneja estructuras de dos horas para mantener la atención, se permiten caprichos y narcisismos. Las novelas envenenan poco a poco, a lo largo de varios días, profundamente, pero su impronta es borrosa. En seguida se nos quedan lejanas y neblinosas las novelas y su recuerdo de veneno. Las películas son más un “shock” breve y contundente, un puñetazo de luces, tiros y besos y fragmentos vagos y dispersos de bandas sonoras. Tienen la economía pormenorizada de un escalestric, de un mecanismo, de un reloj: nada sobra cuando son buenas. Se recuerdan como un sueño profundo, vívido y nítido por momentos pero lleno también de porqués insolubles.
Además las películas, al ser por norma menos pretenciosas que las novelas (la extensión temporal, que en las novelas es mucho mayor, es una forma de pretensión; además los clásicos de la novela nunca son meras propuestas de espectáculo, sí en cambio en el cine) son más fácilmente criticables, cosa que ahora celebro, porque las pretensiones cohíben mucho. “El Sueño Eterno”, película del año 46, adapta con la mayor fiabilidad que se pudo la primera narración larga de Raymond Chandler.
Chandler era un escritor tardío de vida más bien anodina y con propensión al alcoholismo que se propuso irrumpir en el panorama policiaco con el lirismo y la retórica que le faltaba al sobrio Hammett y con la dignidad humana que escaseaba en las novelas de James Cain. Escribió poco, siete novelas. Ninguna mala. Esta primera es una muestra perfecta de su increíble nivel de sortilegio literario, puro veneno literario.
La película es una visión de la novela un poco más para todos los públicos, menos amarga, más comprimida, con más disparos y más hecha al canon fílmico, al cine clásico: un viaje que no se permite descansos, que cada vez da más, a cada resolución le sigue un nudo más grande, una dificultad más insuperable, creciente, una corriente de entretenimiento que gira en torno a un desenlace audaz e increíble, un chorro de imágenes y música (aquí del prolifiquísimo Max Steiner), todo imbuido de un aliento que ya es mítico e incoloro.
El cine fabrica siempre, incluso aquí, siendo una película más bien próxima al original. Vemos cambios y ostensibles diferencias, obligadas a veces por el paso de un registro a otro. Chandler es un autor literario, mucho más intraducible a un ámbito ajeno a la lectura que otros literatos de originales de la época que fueron clásicos del cine (pienso en Irish o en Hemingway o Cain). Porque no habla planteando unas acciones, un acertijo, una trama criminal, sino simplemente (incomparablemente) nos sumerge en la voz de un hombre insobornablemente que se pasea por lugares inmundos con gente inmunda y sufriente que tiene intenciones inmundas. El que empieza leyendo a Chandler lo sigue leyendo para saber más del detective privado Philip Marlowe, le lee por Marlowe, por su voz alegre y triste.
La película es la trama pero sometida al avance acumulativo y eléctrico del estándar que tan bien representa Howard Hawks. Ágil, con un objetivo visual discreto, a la altura de los ojos, y sugerentes puestas en escena, el todo-terreno director no tiene más que imponer su arte, su madurado arte, a un ritmo sin descanso que jamás se entorpece y que jamás termina de dar nuevas piezas del puzzle, aunque al final el puzzle nos da igual y nos quedamos con el final, con el morreo y el folletín. Y todo adquiere, finalmente, milagrosamente, el aura hipnótica del gran blanco y negro.
Para hacerse cargo sólo hace falta pensar en la primera, buenísima, escena importante del film, la escena que siempre recuerdo cuando recuerdo El Sueño Eterno, la escena con el Coronel Sternwood en el tórrido herbolario selvático. Con orquídeas, que dice que tienen el perfume pútrido de la corrupción ( apunte: en la novela, aproximadamente, dice “el perfume corrompido y dulzón de los prostíbulos”), y con Bogart.
Dick Powell, Mitchum, encarnaron marlowes menos desafiantes con respecto al original. Físicamente de Marlowe sabemos en realidad poco, pero ese poco es todo lo que tenemos. Bogart fabrica un nuevo Marlowe, un Marlowe hecho a su medida de gángster secundario de la Warner, o a su medida de protagonista, de Rick Blaine, de Sam Spade, a la medida de sus ticks interpretativos. Bogart es un Marlowe feucho, que se lía cigarros mientras habla con las mujeres, que se soba constantemente el lóbulo de la oreja derecha con la mano derecha y que se agarra el cinturón poniendo los dos brazos en forma de ele, un Marlowe escaso y encogido, hecho también a la medida de la edad de Bogart, que es una edad bastante más avanzada, y a su impertinente voz nasal. Y el caso es que lo hace muy bien, como en el resto del generoso puñado de obras maestras que hizo en esa década. Bogart hace muy bien de Bogart.
Hawks y sus guionistas orquestan toda esta variación que revolotea alrededor del héroe con mucha flexibilidad. Donde Marlowe dice que tiene 33 años Bogart dice que 38 (aunque el actor tiene ya más), se bromea varias veces con la breve altura del renovado detective. Acaso desafiantes, Hawks, Furthman, Brackett y Faulkner pergeñan la irreal broma de un Marlowe quizá más bajito y menos guapo pero sí más exitoso con las mujeres. Esta exacerbación de la virilidad seductora tan propia de Hawks se evidencia con el reguero interminable de chicas libidinosas que deja el protagonista a su paso.
Las chicas guapas de Los Angeles, insinuantes, inolvidables fantasmas de celuloide, quizá con novio, quizá sin él, quedan prendadas del sabueso: bibliotecarias, taxistas, vedettes, hijas de millonarios,…Quizá este Marlowe recreado se ha trocado en algo más feo y de andar por casa, pero la magia del cine, el mensaje para los que conocemos el desafío marlowiano es el mensaje brillante de las estrellas, el mensaje que hizo de Hollywood algo tan importante y próspero, el mensaje de Bogart, el mensaje inalcanzable y rutilante que nos maravilla a todos: siendo Bogart se puede ser feo y pequeño pero si de verdad se es Bogart, el mismo Bogart que respira en las pantallas, las mujeres se acercarán insinuantes (incluso si son Lauren Bacall) y los matones se retirarán con paso vacilante, sintiéndose un poco más vulnerables y bobos.
Esta película está hecha para la pareja Bogart-Bacall, era el segundo intento después de Tener y No Tener, era una segunda apuesta de matrimonio, y mucho del filme se dirige en función de esta promoción Warner Bros. De ahí que ambos personajes se estrechen dosificadamente, y cada vez más (hasta el beso) a lo largo de tanta turbiedad y tanta acción y enigma. Aquí Bacall vuelve a cantar con su voz rasgada de negra, y ambos tienen una escena cómica pasándose el teléfono escrita sin duda para perdurar en los recuerdos cinéfilos. Tienen además un par de diálogos chispeantes de cálculo rápido, y sobretodo un beso memorable y silente en el que Bacall parece un gato blanco, arrebujada en el asiento del coche, con la cara plácida pero en tensión y con la vista temblorosa y viva. Hasta comparten una escena de tiros.
Obviamente esta afinidad entre ambos tampoco estaba en el relato porque Marlowe está siempre solo a la hora de la verdad. En la novela, Vivian Sternwood (Bacall) besa muy a gusto a Marlowe, pero no es tan apasionada su debilidad por él como para ir a socorrerlo frente a Eddie Mars (el villano). Marlowe sí besa a Vivian Sternwood, pero nunca se enamora, nunca se enamoran. Eso es una nueva re-ficción, una nueva adaptación de Hollywood. Vivian no salva a Marlowe cuando está atado y sin escapatoria a la merced del impasible Lash Canino (el matón de Mars), no, le salva un personaje misterioso y circunstancial que actúa gratuitamente, como actúan todos, criminales y amantes, en las novelas de Chandler. Como actúan también todos en el cine, en el buen cine. Porque el arte bueno está lleno de gratuidad, gratuidad y atmósfera. Su gratuidad lo hace tan inútil e importante. Su atmósfera de gratuidad de tan irreal se nos hace muy afín, natural.
Es una película con una atmósfera de insania, es confusa, mistérica, turbulenta, donde no se hace más que abrir puertas y visitar y revisitar estancias habitadas por estafadores influenciables, botellas con veneno, matones a sueldo, jefes de matones a sueldo, estancias envolventes e inoportunas con mujeres drogadas, con ruletas de casino, con mujeres armadas, con mujeres escondidas detrás de alguna cortina o con mujeres dispuestas a ayudarle a uno a escapar de los malos, con bandas de jazz, con dinosaurios en silla de ruedas dispuestos a pagar por saber de un amigo, habitaciones con cadáveres sin asesino, cigarros encendidos, sin dueño, y agentes de Homicidios.
Toda la película salta de un cuarto a otro con un pulso narrativo imparable pero muy controlado, con vaivén y equilibrio entre humorismos puntuales (entre la pareja estelar, o con los gángsters, o con el mayordomo Norris), mínimos toques de estilo titilante inequívocamente hollywooodianos: como la secuencia en que Bogart se hace encender un cigarro por una camarera mientras deja descolgado el auricular del teléfono, o cuando Bogart y Bacall bromean con el telefonista de la comisaría de policía, o cuando dos chicas del casino tratan de hablar a Marlowe a la vez, o la escena musical, o la conversación entera en el invernadero con el Mayor Sternwood, o la artificiosa y a la vez discreta paliza que le dan a Bogart en un callejón entre luces y sombras.
Y por supuesto el guión se ha hecho siempre evitando los detalles más sórdidos de la trama original: cuando Marlowe descubre a la traviesa Carmen en la sala, drogada y con un cadáver, en la novela estaba desnuda. Él, que llega a ser casi hasta maternal con sus clientes, la viste; se censura el momento del final en que Carmen trata de matar a Marlowe, al fin y al cabo es este filme, ya lo dije, una nueva propuesta de matrimonio entre la pareja y el hecho de que la hermana quisiera matar al detective no ayudaba al ambicionado final feliz de beso y boda; Geiger, el cadáver, tiene en la realidad un amante gay, que comete por supuesto un crimen pasional, como lo comete Owen, el chófer, desconocido para el espectador, cuyo asesinato queda sin resolver, como lo comete Carmen. En esta película el crimen pasional, con todo su capricho y su delirio y su pulsión oscura es el segundo protagonista de esta delirante historia donde los que por ella pululan hacen el crimen como hacen el amor, con todo su método y con todo su salvajismo (el primer protagonista es, obviamente, Marlowe, que contrapone su corrección impecable al desgarro insensato de toda esa fauna delictiva).
Turbiedad con azares (porque es una trama llena de cosas azarosas y cosas deliberadamente oscuras, algunas de las cuales no se terminan de resolver, otras insolubles) en contraposición a la limpieza escénica del blanco y negro, éste que recorre cuartos impolutos y amplios donde Bacall parece que flota y donde las volutas de los cigarros encendidos campan describiendo bucles y nubes de seducción, y donde brilla el metal inesperado de las armas.
En una de estas habitaciones Hawks, que sabía muy bien que si en una escena das trepidación y tensión en la siguiente tienes que dar forzosamente más para mantener al espectador clavado allá donde esté (y este es el mecanismo clave con el que funcionan las películas y que no tienen las novelas forzosamente) crea una escena de climax que no existía en el original: la escena en la que el bueno (con la chica) y el malo (sin la chica) se enfrentan. Bogart, sanguinario, obliga a tiros a salir al mafioso por una puerta rodeada de metralletas mafiosas de gatillo sorprendentemente suelto. Muere el malo asesinado por sus matones.
Lo resalto porque expresa muy bien la necesidad del cine de aumentar más y más la adrenalina en una progresión nítida y obligada que la separa de la novela y de su usual pretensión no-entertiment. El cine es más fuegos artificiales, con traca final. La novela tiene más libertad de ser o no ser espectacular. Por eso, inevitablemente, aquí al final, novela y cine se divorcian. Presumiblemente Hawks estaba contento con esa resolución que inventó (la utilizaría después en El Dorado), presumiblemente la consideraba una muestra de su estilo y de su ingenio. Un poco, siguiendo con estas audaces conjeturas, como el sofisticado Hitchcock se pudo sentir por la escena de la avioneta persiguiendo a Roger Thornhill, o como Lang se pudo sentir por aquella taza de café abrasador que se arrojan la Graham y Marvin en Los Sobornados. Al fin y al cabo estos eran los directores de acción antes de que apareciera el reciente género de “acción” rigurosamente, exclusivamente, pobremente entendido.
El final de esta lograda película es un beso que se funde en negro con el malo aún humeando por sus agujeros. Este final es un final, un buen final de cine clásico, pero al fin y al cabo inverosímil para un Marlowe. Marlowe siempre acaba en soledad, sus páginas conclusivas y concluyentes son páginas sin climax, páginas silenciosas, son páginas de reflexiones solitarias y saxofónicas, sin proyección de futuro fuera de su dormitorio austero, siempre con su pipa, con su ajedrez, con su pijama. Con su depurada filosofía del tipo duro. Con su melancolía de sabueso para ricos insensatos. Junto a un teléfono que no suena.
Pueden leer otras aportaciones Cortinescas aquí en Galletas: "Acerca del enigmático Doctor Quatermas" "El hombre Elefante de David Lynch" Y como no, rebuscar hasta encontrar alguna de sus críticas literarias en El Mundo online:
Aquellas mamonadas...![]() Abrimos una sección en la columnilla de enlaces que ustedes nunca miran (si, ahí, a mano derecha) con los mejores momentos de este blog, esos momentos que han conformado este sitio tan pocho y tan bonito. Como guía de referencia de la disparidad que aqui se puede dar y de las perdidas de tiempo que han conllevado, les cuento:
Aquellas dos parodias de las que aun me sigo vanagloriando (y enlazando para no hacer ninguna nueva) y que seguro algun dia culminaré como ya prometí hace ya 3 añitos:
La famosa historia de periodismo gonzo de Travis, el terrorista ortografico (aunque muchos aun no se han dado cuenta) sobre Gracita morales, una puerta malintencionada y pollo frito. No solo nos consiguió un puesto en el greatest hits de la pagina 36, si no un comentario del mismísimo lord absence.
HOYGAN PIJA CHUPA PUTA... el curioso artículo de Empty words que provocó (y provoca) un ragnarok de comentarios desbocados, hay ahi tanta ficción como realidad, pero sobretodo hay una risas de la hostia. Que lastima que Empty se prodigara poco.
Mi carrera bloggistica nació para comentar en blog ajeno la trilogía de codigo 7, que mas puedo decir, esto era inevitable.
Ensayo sobre literatura, de esos sesudos y perezas, que aumentan el prestigio del blog por todos aquellos que son incapaces de acabarselo. Imprescindible por su peso que este aqui. A mi me mola porque lo he hecho yo, y yo a veces soy un intelectual de mierda (aunque lo combino/contrasto diciendo con sinceridad: Transformers 2 mola).
Y Travis, vuelve con sus narraciones de la vida cotidiana, con eso que se le daba tan bien al demostrarnos que los que no somos zombies, es un milagro que estemos aun sobrviviendo en el siglo XXI.
Y hablando de Travis, y de comentarios locos, el post que se ha convertido en foro de forzudos. No te digo mas.
Vuelvo yo mismo y complemento el anterior post superlargo del Quijote con uno de Chuck Norris, porque Invasión USA es un documental, mas de lo que creen y no sobre lo que piensan.
El maestro Cortina, gran amigo mio como enemigo de Travis, nos legó un articulo de lenguaje burgues sobre la Hammer, no creo que nadie deba dejar de leerlo.
Travis le dedicó unos cuantos especiales a determinados muñecos de personajes Marvel y a un autobus con signos de exclamación.
Este titulo lo dice todo: ¡Ole Daredevil!
El gran corto que galletas realizó en 25 minutos, luego todos nos dedicamos a la literatura ¿Por qué será?
Y estos son. Porque 4 años y medio de blog recien cumplidos bien se merecen un post de antología. Aun recuerdo esto tan premonitorio, que sucedió en otro sitio: ...Diario de bitacora: 21 de Enero del año de nuestro Señor de 1487Ayer comi galletas. Las encontre debajo de un estante, en el camarote de Sir Winston. Estaban malas. 21/01/2005 10:53 y eso es todo. Visita guiada a la ciudad. Homenaje a J. G. Ballard![]() "En los paneles lustrosos de los guardabarros traseros, se quedó mirando la imagen distorsionada de sí mismo. La figura alta se estiraba como un espantapájaros grotesco, y la cara pálida se desangraba sobre los contornos ondulados de la carroceria" La isla de cemento, 1974. Un video de un minuto mal encuadrado sin editar. Calles abandonadas y transitos de hormigón. Puede que no sea la mejor manera de reivindicar a Ballard. Pero asi surgió esa noche. El guia (particular Vaughan, por qué no) es el nunca lo suficiente extravangante Albert McCross, sus dialogos son tan improvisados como verídicos (ese primer: "Donde ETA intentó atentar" no solo se adentra en universo Ballardiano de cabeza, si no que tambien se lo trae a casa). Efectivamente tiene una mano escayolada y debajo va en pijama. 25/07/2009 20:31 Autor: El equipo galletero. Enlace permanente. Tema: el gótico No hay comentarios. Comentar. «Oh no! Not another fucking elf!»: Sobre Tolkien, El Señor de los anillos y lo que le hicieron a la, hasta entonces, floreciente fantasía heroica.![]() <<Me he leído El señor de los anillos y me ha gustado mucho ¿Qué me puedo leer ahora del mismo estilo señor librero?>> <<Nada, hijo, nada, si tienes mono de orcos, ahora lo único que puedes hacer es irte por ahí y jugar al rol>>
Sinceramente, no concibo a ningún lector de bien al que una vez pasada la veintena no le de pereza el género actual de fantasía heroica. No digo que lo deteste, ni que lo niegue tres veces tras haberlo acogido en su juventud (probablemente al preguntarle por alguna obra trascendental en su madurar la recuerde con sonrisa y la idealice sin freno), no, simplemente digo que da pereza. Una vez leídas unas cuantas obras de todo el abanico genérico y autoral que oscilen, mejor o peor, entre la connotación, lo formal, la mala baba y la reinvención; da pereza volver a imaginar todos esos rimbombantes elfos y enanos cascarrabias siendo solamente mas elfos rimbombantes y cascarrabias enanos. El género de fantasía heroica es un ejemplo curioso. No es solo que sea monotema o monocromo, no es solo que este absolutamente encerrado en estereotipos, ambientes y estructuras narrativas tan básicas como el mecanismo de un chupete, o que no haya sabido mezclar ninguno de sus elementos con cualquier otro género o influencia, ni siquiera es su insoportable pretensión tan épica como cansina o su ausencia de verdadero cachondeo (una o dos excepciones aparte); es que encima así es como debe ser. ¡Hablamos de un género que tiene una normativa de reglas autoimpuestas para producir sense of wonder! Imaginen que panorama... prácticamente un panorama endogámico. Y déjenme decirles, que toda la culpa de esto la tiene una sola obra (que son tres, para el que quiera pillar la magnitud) aunque ella misma no lo sepa: El señor de los anillos.
Las opus magnas de cada género tienden a definir el mismo, tienden a ser conscientes de su propia importancia, se inclinan, en bastantes ocasiones, a ser incluso metalingüisticas con el propio medio, y a todo esto llegan porque se han producido por el camino natural, sumatorio de creación, maduración, tópico y parodia del género por un lado y de mentalidad del artista contemporáneo por el otro. Pienso ahora en el Watchmen, pienso en 1280 almas, pienso en Altazor, en La familia de Pascual Duarte, en La subasta del lote 49, La Carretera, El hombre en el Castillo o en Pedro Páramo. Todas son ficciones perfectamente orquestadas, mas o menos sutiles, eso no lo olviden. Todas se han construido a partir de algo, de unos antecedentes de su medio, de su género. Pero en todas hay una mirada hacia delante, ya sea en la forma, en el fondo, en el texto o en el subtexto hay una propuesta de cambio, de ser un escalón que suba un poco mas que los anteriores y que invite a los sucesivos escalones a seguir llegando un poco mas lejos. Sin embargo, ¿qué hay en el Señor de los anillos que la caracterice como lo mejor de su género? Que es muy extensa y aun así (precisamente por llevar ese malabarismo tan lejos) es taaaaan creíble Resulta una fantasía creíble, repitamos, fantasía/creíble ¿Creíble como sinónimo de cerrado? Precisamente del tipo tan cerrado que asfixió el género nada mas encumbrarlo. A partir de aquí, manifestaré que considero El señor de los Anillos un quiero-y-no-puedo absolutamente vacuo. Toquen una bocina. Al menos, en el mas cercano antecesor de Tolkien: Robert E. Howard (cualquiera lo diría), existía no solo una gran sensación de aventura despreocupada, así como cierto nihilismo, ansia de descubrimiento, fantasía adolescente y maravilla; si no que uno de sus principales temas era la dicotomía civilización/barbarie (la urbe y el campo habían sido tema candente en toda la literatura de las naciones mas jóvenes durante finales del XIX y principios del XX) La fantasía de Howard, con una narración de calidad y concisa, exploraba temas que estaban ahí (desde esa nombrada dicotomia, hasta la fantasía de matar a hachazos a 30 enemigos, yo no he jerarquizado nada, solo he reseñado que abarca un amplio espectro de estímulos), en la mente del ciudadano de a pie. No por ello sin dejar de crear un universo propio de gran magnitud y validez. Esto último es lo que le pasa a El Hobbit. Yo no soy ningún detractor de Tolkien porque de pequeño alguien me pegara con el Silmarillion en la cabeza (Ahora que digo Silmarillion ¿Qué no se esta quedando a gusto el hijo de Tolkien editando hasta la lista de la compra del padre? ¿eh?). No se confundan, también se defender lo que lo merece. El hobbit funciona a la perfección porque es un libro honesto y ameno que nos quiere hablar de valores tradicionales y de aventuras sin pretensión, y lo consigue. Es un cuento, y se sabe como tal. Puedes conocer todo el contexto que rodea al Hobbit sobre La Tierra Media y demás, pero tambien te la puede sudar y lo vas a gozar igual. Las pruebas, la astucia, las virtudes del anti-héroe que le llevan a triunfar donde otro tipo de héroe no lo hubiese hecho, confiriendo de paso a la obra un gran sentido del humor e incluso actualizando el modelo del ser insignificante que realiza proezas. Sus lecturas son universales, sorprende y en este caso Tolkien conoce sus limitaciones y las evita. El hobbit, es sutil, es vitalista y es una gran historia de aventuras, que evoca mejor el universo propio a su alrededor que lo que lo intentará evocar el afectado plomazo de los anillos.
No se trata de derribar el mérito que tiene la obra, creando un ambiente ficticio tan cohesionado alrededor suyo: historia, lenguaje, geografía, sociedades, cultura... eso esta ahí, y se valora y se disfruta y se recuerda con cariño. Solo por esto merece la pena ser leído alguna vez en la vida. Pero encumbrar a lo mas alto del siglo una obra solo por esta cualidad... comprenderán que resulta excesivo, mas teniendo en cuenta que se puede pecar por exceso, igual que por defecto. Decía Vargas Llosa algo así como que la habilidad del escritor era crear la quimera de que en un puñado de paginas se encerraba una realidad. Tolkien parece empeñarse tanto en que hasta el último rincón del puto árbol del bosquecillo al oeste de La Comarca sea una realidad tan creíble, que se pierde en farragosas descripciones absolutamente desangeladas indignas incluso de un decimonónico desentrenado que destruyen cualquier parrafo de calidad a su alrededor, y que aburren a un muerto... y es que... señores, admitamoslo ya, ¡EL SEÑOR DE LOS ANILLOS ESTA MUY MAL ESCRITO! Esta mal narrado y mal estructurado, posee una falta de armonía absoluta y denota finalmente, en el aspecto formal y extensión del mismo, una impotencia técnica increíble por parte de un Tolkien que se ha metido en camisas de once varas. Le acompaña a esta base el concepto de épica trascendente y Wagneriana (crepuscular, para mas INRI), todo el sentido del humor que hacía avanzar al hobbit se pierde en autoimpuestas profundidades, todo se empieza a tomar demasiado en serio a si mismo y deja de funcionar como la obra de evasión que se supone que es (recuerden, evasión no es un termino despectivo), es tan seria que casi es una evasión patológica. Todo el mundo esta triste como emos sin dinero para maquillaje ni mochila de Jack Skeleton, todo para que la narración tenga una afectada sensación de madurez. Y aquí llegamos a otra de las piedras angulares del tema: Tolkien, un enamorado de las lenguas muertas, un obsesionado de todo lo vetusto, un luchador contra la realidad en definitiva, trataba de crear una mitología propia. No tenía la suficiente fuerza narrativa para hacerlo a base de pluma, así que se apoya en el detalle, en el hiperrealismo, en lo crepuscular, en la fagocitación y reinvención/collage de mitos e historia clásica normanda, celta, etc... pero todo esto sin la suficiente autoconsciencia como para marcar una distancia con su material de origen, como para que se cree algo nuevo en la suma de sus partes. De tal modo que el universo que crea Tolkien en El señor de los anillos no es, ni mas ni menos, que una mitología mas, una hecha de retazos. Que, falto en pretensiones de renovación, se queda en una simulación a escala real, en una acumulación de datos, y no nos dice ni mas ni menos que lo que nos dicen las verdaderas. Fíjense que todas las razas del señor de los anillos se mantienen puras, las ciudades solo albergan mayoritariamente un tipo de pueblo, todo es tan absolutamente maniqueo como podría serlo de tratarse de autentica mitología, nada puede evolucionar en la Tierra Media, porque su concepción es simbolista, salvo, que como amante de lo superficial (la lengua, la geografía y todo lo demás) todo en la Tierra Media es simbolismo de nada (lógico que el fan común opte por el disfraz).
No ha faltado quien ha encontrado en El señor de los anillos relación con la segunda guerra mundial, con el cristianismo, con el racismo... con múltiples causas (la mayoría por razones que mas tienen que ver con las circunstancias de vida del autor que con la obra en si misma, gran error) basadas en la premisa de: si es una obra tan buena, algo querrá decir. Bien es cierto que todo lo que se ha dicho que subyace está ahí, pero no está por las razones que creen. Es una obra que se referencia en una construcción mitológica tan sumamente simple (Los buenos altivos, los buenos insignificantes, los buenos cascarrabias, los buenos que dan discursos, la naturaleza, el poder, los malos que pegan, los malos que dan discursos) tan falta de riqueza, de ambigüedad, por debajo de la vorágine de detalles específicos, que aunque lo probable es que simplemente sea una alargada parábola reiterativa sobre el poder. Podría ser todo lo que cualquier teoría maniquea quiera que sea. Quizá esa singularidad como obra del siglo XX la hace aun mas interesante para el lector consciente de estos elementos. Quiza sea la primera obra post-post-post-moderna (Lo que es seguro es que tiene paginas aburridas) .Aparte de concebir la pregunta: ¿Como es de importante en la literatura la acumulación de datos bien ordenados? Y aqui ya entramos en terrenos, creo, que dependen de la voluntad y de la ilusión de cada lector. Lo que es cierto es que, probablemente sea una obra única y con la perspectiva adecuada se descubran unos valores en ella que ahora el fan medio prefiere obviar.
¿Como podía el género sobrevivir a esas infulas de maduración que escondían algo tan solitario en su fondo? Por cientos de loables detalles enciclopedistas que tuviese (como que tal conjunción de letras en el quenya sindarin lleva diéresis cuando la segunda sílaba es la oe) se acababa de elevar a mito (nunca mejor dicho), un marco muy bonito y con cientos de grabados, para entretenerse mirándolos un montón de rato. Que fuese la opción mas consecuente para la eclosión de los benditos juegos de rol repletos de tablas de datos, ilustraciones preciosistas sin necesidad de prosa, merchandising, figuritas y mapas... era lógico, tenían una mitología apátrida y desarraigada, pero globalizada, para moldear.
27/07/2009 10:58 Autor: El equipo galletero. Enlace permanente. Tema: el gótico No hay comentarios. Comentar. El Poderoso Thor, de Walter Simonson o como se hace de un tonto, un listo.![]() “Tu eres un poderoso guerrero, pero a fin de cuentas solo eres una criatura egoísta, mientras que los héroes… ¡... Los héroes tienen una capacidad superior para cometer estupideces! ¡ASÍ ES COMO NACEN LAS LEYENDAS!” Thor, en un momento épico. Cuando Walter Simonson llegó a Thor allá por el numero 337 (Noviembre del 83), éste era un personaje a la deriva. Como a tantos otros autores de la época, el polémico editor Jim Shooter le dió manga ancha (mas bien se la sudaba, peor no podía ir) para que hiciese lo que pudiera con una colección que ni fú, ni fá, ni fin fang foom. Y Simonson joder si lo hizo. Lo hizo sin parar el cabrón. Tan sin parar que desde su marcha en el 382 (Agosto del 87) aun no se ha conseguido volver a poner el listón tan alto con el personaje. Y miren que yo no soy nada nostalgic. Hasta entonces Thor se movía en dos tipos de cómics dentro de su misma colección: a veces era un Dios con bocachancla, gran ego y hablares espesos. Y otras un superheroe también subidito de amor propio. Cuando protagonizaba una cosa, los fans de la otra se aburrían. Pero llego Walter y dijo que Thor era todo eso y mucho mas (aparte, nos enseño que a veces podía ser un héroe muy bobalicón que tenía que espabilar, pero para eso, se lo leen), que precisamente esa dualidad no era un impedimento, si no una solución para volver a la maravilla y al ingenio argumental. Con absoluta posmodernidad, Simonson reinventa los mitos nórdicos (que conoce al dedillo) y los del universo marvel (que tampoco deja atrás) y los fusiona. En una época en la que la peliaguda palabra: “continuidad” ya había empezado a dejar algún veneno que otro, Walter Simonson se deja imbuir del espíritu de Kirby (al que debe gran parte de su grafismo) y firma (acompañado en la recta final de Sal Buscema, no lo olvidemos), mes a mes, una obra ecléctica y maravillosa. Y es que en el Thor de Simonson se vale todo.
Durante los cincuenta números aproximadamente que dura su etapa-río (porque prácticamente es una sola historia dividida en arcos argumentales y en enormes continuarás -de tirar los huevos al suelo, por cierto- al final de cada número) Thor hace de todo. Pero no de todo como se lee ahora, lo que en la actualidad pasa en un arco argumental de seis números, entonces pasaba en un par de tebeos, y en el Thor de Simonson en dos paginas. Si, tambien me pueden ustedes señalar que junto a éste había cómics mas maduros y mas profundos y mas mejores en los ochenta, pero hablamos de AVENTURA. Y es que quizá nos encontremos con este Thor ante uno de los tebeos de aventuras definitivo (a la manera de Marvel) desde el duo Lee-Kirby. No hay freno, no hay interrupciones, cada peligro deja paso a otro mas jodido, cada personaje secundario (de una solidez del copón todos los secundarios de esta serie, ademas) que surge es una nueva historia arriesgada o tiene alguna cruzada personal que cumplir, y uno se da cuenta, de repente, que cualquier cosa puede suceder al pasar la pagina. Esa sensación de quiebre, de maravilla, de sorpresa, de aventura monstruosa donde lo mismo salen asgardianos con uzis, una saga dedicada a Thor convertido en rana, un dragón que discute de semántica, un viajero del tiempo, apocalipsis varios, un veterano de Vietnam luchando a muerte contra un batallón de elfos, un alienigena con cara de caballo, un numero entero dibujado a Splash pages, flautistas en las alcantarillas, Brujas trolls, una batalla de la hostia contra demonios en Central Park... Ya me entienden, todo eso y mucho mas. ¿Recuerdan esa sensación que primaba en Indiana Jones y el Arca perdida, esa en la que ya no puedes mas porque solo pasan cosas y cosas increíbles y cada cual es mejor? Pues así es el Thor de Simonson.
un dragón que discute de semántica
asgardiano con AK-47
la saga de Thor rana
un viajero del tiempo
Alienigenas con cara de caballo y batallas de la hostia en Central Park... por ponerles unos ejemplillos
El comic book americano allá por el 86, retrospectiva y pequeño analisis.![]() Esta imagen no tiene nada que ver, pero era mi G.I.joe favorito, que nunca tuve, es guapisima, tiene como pose de querer invitarte a la reflexión y es del 86. Es curioso. Normalmente cada vez que hablamos de grandes series o etapas, no solemos englobarlas, no solemos relacionarlas con el resto de cosas que había en el mercado, el otro dia me puse a pensar como sería un checklist de hace unos 25 años y aqui es donde llegué: 1986 fue EL AÑO. Prácticamente, el 70-80% de lo que el aficionado medio exige ver reeditado en su librería, emergía, concluía o estaba en apogeo en 1986. Tal fue el melocotonazo, que a finales del 86 y principios del 87 los medios generalistas rompieron la ola haciendo eco de lo mas relevante del material publicado. El Time Magazine (buceando en sus archivos, he encontrado un antes y despues bastante interesante: Aqui y aqui), El Observer, La i-D, la televisión... todos dedicaban artículos extensos al mundillo (hasta apareció un documental) y ya no se llamaba cómic, de repente todo se llamaba: novela gráfica. El circo había llegado a la ciudad. Y es que, hagamos repaso de las novedades de un añito solamente:
En Marvel: Byrne estaba acabando de darlo todo en los 4F, sin contar que sentaba las bases en Hulk para que al año siguiente llegase Peter David, el cual por cierto, andaba cogiendo experiencia en dos colecciones de Spiderman: Spectacular y Web. Su viejo colega Claremont aguantaba (y lo que le quedaba) en los X-Men, agarradito de la mano de Barry Windsor Smith y tambien era amigo, en los Nuevos Mutantes, de Sienkiewicz, que estrenaria junto a Miller el Elektra Assasin a mitad de año, tambien colaborarían en el Daredevil: Love & War, justo en cuanto Miller hubiese acabado con el Daredevil: Born Again junto a Mazzucchelli. La editora de Claremont en los X-men, Ann Nocenti, que tambien tendría su posterior etapa gloriosa en Daredevil, guionizaba por aquel momento la maravillosa miniserie de Longshot con Arthur Adams. Walter Simonson hacia su famoso Thor y lo acompañaba de la mítica masacre mutante de Factor X. Jim Starlin hacía Dreadstar, Mark Gruenwald el Capitan America y el Escuadron Supremo. Roger Stern, una solida etapa en los Vengadores (con el asalto a la mansión de Zemo y acolitos dibujado por John Buscema) y reinventando al Doctor Extraño (con alguna portada de Mignola). Y la primera mini de Punisher de Grant/Zeck "Circulo de sangre" tambien estaba ahi. ¡Ah! y empezaba The ’Nam con el regreso de Michael Golden.
En Dc la cosa no iba a la zaga: Acababan las Crisis Infinitas de Perez y Wolfman, éste último seguia en los Titanes con portadas de Jose Luis Garcia Lopez. Alan Davis Y Mike W. Barr lo mismo hacían a Batman en solitario, que con los Outsiders. DeMatteis llegaba a la Liga de la Justicia, preparando la diversión que empezaría el año siguiente. Comenzaba la cojonuda The Question. Byrne dejaba lo que estaba haciendo en Marvel para venir a hacer Superman: Man of Steel y Legends. Y Starlin para hacer un poco de Batman. Como Superman empezaba una nueva etapa, Alan Moore, (al mismo tiempo que guionizaba la cosa del pantano) se encargó de despedir al antiguo Super junto a Curt Swan en el clasico ¿Que le pasó al hombre del mañana?. ¿Que me dejo...? el WATCHMEN y el DARK KNIGHT, claro. ¡Y un tal McFarlane dibujando Infinity inc.!
Si ibas de independiente, solo te salía ese año: Concrete (Dark Horse Presents #1, porque Dark Horse se acababa de fundar en... ¿a que no lo adivinas? Mayo de 86, casi las mismas fechas que se fundaba Malibu Comics) de Chadwick, Mage de Matt Wagner, el Maus de Spiegelman, las Tortugas Ninja de Eastman y Laird, el American Flagg de Chaykin, Cerebus de Dave Sim, El Soñador y New York, The Big City de Eisner y el Nexus de Baron/Rude. Ademas, Peter Bagge llevaba un año publicando Neat Stuff, tambien tenías como novedad nuevos numeros de Usagi Yogimbo, Love & Rockets, Weirdo Magazine con Crumb (que editaba justo en verano del 86 esta maravilla que pueden encontrar completa por la red) y la primera serie editada por un, por aquel momento desconocido, Daniel Clowes: Lloyd Llewellyn.
Es probable que me deje cosas, aparte de obviar lo europeo (Miracleman, entre otras, se estaba editando por primera vez en USA) y la primera oleada de invasores japoneses con Golgo 13 viendo la luz en el mercado USA ese año. Que al fin y al cabo, tambien llegaban a la libreria aunque no fuesen producto nacional. Pero vamos, un panorama. Si se llega a pasar Morrison, que por entonces todavia publicaba en Inglaterra, cerramos el chiringuito. Como para ir al kiosko. ¿Ustedes se imaginan ir a la libreria y tener que comprar CASI TODO? Pues asi estaba el tema, como para que ahora te flipe el Thor del tracisky este "¿Solo?" Dirian entonces con retrospectiva. Menos mal que ahora con internet todo parece mas grande, menos lo de mi marido, suena por alla.
Evidentemente, esto no fue porque sí, no fue por obra y gracia del espiritu santo. 1986 fue el punto álgido de un trayecto previo, que como todo lo que tiene que ver con la calidad (artística o no), había sido fundamentado en una guerra económica. Desde finales de los 70, debido a determinadas circunstancias editoriales y de mercado surgió algo llamado "Distribución directa a librerías especializadas", que parece una chorrada, pero fue toda una revolución de marketing porque resultaba muy barato editar y permitía que a Marvel y DC les saliese competencia de las llamadas editoriales independientes. Esta distribución tan particular, era ademas, síntoma de otra cosa: el cómic se encerraba en grandes templos para fans. ¿Por qué? Los cómics comenzaban a ser para aquellos que ya habían crecido con ellos. El llamado fandom había llegado. "...para bien o para mal, una mayoría de los cómics publicados hoy en día están hechos para el fan medio" Paul Levitz, 1982 Declaración sacada de: Comic Book Nation de Bradford W. Wright- Las grandes editoriales comenzaron a crear un star system dentro del cómic book para defenderse. Esto incluía el sistema de royalties o incentivos, el dar manga ancha a los artistas para que se dejaran llevar (incluso adaptandose al autor completo: guionista/dibujante), el experimentar con el formato de edición o el recrudecer sus cómics un poco para estar a la altura de lo que hacían las independientes (que se pasaban la censura del cómics code por el forro). Este sistema legó toda esa oleada de talento que se desató en la década (un avance para el medio mucho mayor que el que tuvo la literatura en esa misma época). Y también legó artistas con el suficiente renombre que empezaban a exigir mas autonomía, mas derechos sobre sus creaciones (Tambien este año es el de la fundación de la Comic Book Legal Defense Fund), mas incentivos... y sobretodo, comenzaron a pelear con las editoriales y a pasarse de una a otra como mercenarios, lógicamente, ahora era su nombre lo que vendía el tebeo, ahora eran fichajes y las editoriales, clubes (¿Y que es lo primero que hacen los clubes? buscan en el extranjero ¡Hola guionistas británicos!). Fuese por lo que fuese, todo esto nos llevo hasta Image, pero eso ya es otra historia. |
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