RELECTURA DEL MITO DEL VAMPIRO ó ¿QUÉ TE HA PASADO TIO? NADA, QUE ME CASÉ.

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El vampiro actual, no lo duden, representa todo aquello que los chicos odian y que enamora a las adolescentes. Resulta algo así como el novio gilipollas que ellas se echan una vez te han dejado a ti y que las hace olvidarte por completo (ese que para cuando ya lo tienen manía de verdad, ya se han acostado con él). Podemos decir que el vampiro es a ellas lo que la rubia perfecta de tetas grandes es a ellos. Un condicionamiento cultural basado en años de deseo hacía un modelo idealizado, y ficticio.

Pero es que además, el vampiro es infeliz.

¿Y como llegamos a esta conclusión? Pues como habitualmente, revisitando la historia.

 

1. EL ROMANTICISMO.

Del salón en el ángulo oscuro, / de su dueña tal vez olvidado, / silencioso y cubierto de sangre/ veíase el vampiro.” (Becquer fusilado)

 

El mito del vampiro, tal y como lo conocemos, eclosiona durante el romanticismo. Esto es así, tanto dolor del “yo” y tanta hostia acabaron, inevitablemente, por conformar la identidad de este mito de la cultura pop. Lo que no quiere decir que antes no se hablase de él en múltiples épocas y culturas. Pero al fin y al cabo, denominar “vampiro” a un degenerado hijoputa sobrenatural que se come a la peña, así de indistinguible de cualquier otro mito del terror contemporáneo, resulta insatisfactorio para el bestiario de la imagineria actual -con decirles que el ghoul o que el hombre lobo, entre otros, entraban en la misma rama genérica de la definición de vampiro prerromántica, (algo impensable para todo buen rolero de Vampiro: la macarrada) -.

Asi, el romántico, entre tos y tos, reinventa al vampiro deformando todos sus elemento hacía la máxima expresión de aquella forma de pensamiento que ahora se relaciona únicamente con maneras eufemisticas para echar un polvo.

 

Y es que, si se fijan, el prototipo romántico de principios del XIX es el del hombre extremadamente idealista, hasta optar por la fuga de la realidad o el suicidio cuando su imaginación choca con lo real, con lo no correspondido. Esta búsqueda tan ficticia le deja solo con sus pensamientos. Lo que le hace reivindicar la libertad del yo, del individuo. Y por lo tanto lo de lo que el yo conoce, de su entorno. Pero del entorno que sea suyo de verdad, que le pertenezca.

En consecuencia, se refugia en la soledad de la naturaleza como terreno de búsqueda. La naturaleza y el mito: parajes que cuentan historias, montes de ánimas y castillos abandonados que rezuman una identidad perdida. La naturaleza como origen hermoso de todo, de la vida. El mito como respuesta de su yo ficticio a ese entorno. La tragedia como confrontación de su complejo de evasión, de su inferioridad ante tanta belleza que nunca será suya, puesto que su libertad desenfrenada contrasta con una realidad miserable y materialista. El amor egoísta como fuerza suprema y ese: “Todo es tan bonito, que duele” como proclama a la incomprensión del drama de la existencia.

 

Ahora hablemos del vampiro, un ser que se ambientaba por aquellos tiempos en castillos abandonados de lugares inhóspitos rodeado de mito, leyenda y superstición. Que se mantenía sólo en aquellos lugares por causas trágicas ajenas a su voluntad, encerrado. Símil del aislamiento del yo romántico, al vampiro la belleza natural le parece tan bonita que le duele de manera explícita y física, con la luz del día.

Entendida la belleza natural como el fin supremo, la verdad o la vida, el vampiro esta condenado a no admirar la belleza en su esplendor absoluto, como reflejo del romántico que estaba condenado a sufrir la miseria de la realidad. Esa realidad es expresada en el vampiro en la eterna penumbra en la que habita con un profundo complejo de inferioridad que le hace no ser ni si quiera reflejado en los espejos de sus solitarias estancias. No tiene alma porque sus ideales nada tienen que ver con el materialismo que impera. Vamos, una jodienda. Pero el monstruo/el romántico sigue en la búsqueda de esa libertad. ¿Y como obtener una parte de esa naturaleza tan absoluta, de la vida, del todo inaccesible? Filtrada a través de la sangre de quienes pueden ver la luz del día pero no les importa. Hacerles reflexionar, transformarlos, amarlos reivindicando el yo, lo egoísta.

 

Se extrapola de la tesis romántica cómo el vampiro es un ser amoral que no tiene en cuenta ningún tipo de sufrimiento de sus victimas, puesto que no solo disfruta de lo que hace si no que toda su búsqueda de la belleza divina pasa por este proceso de succión. Se explica del mismo modo tanto su muerte a través del corazón como los determinados elementos de toque folclórico, como los ajos, vestigios de antigua sabiduría popular y/o rustica que tanto gustaba al movimiento; o la cruz, símbolo de una moral propia de épocas anteriores y principal enemigo por tradición de ese antropocentrismo del yo.

 

2. LA EVOLUCIÓN

¡Señor conde!”  (Bigote Arrocet)

 

Este cimiento sobre la base del pensamiento romántico es la primera razón por la cual el vampiro “es tan mono”. Evidentemente, del mismo modo que el romanticismo se modificó con el paso de los años a una botella de cava barata, un ramo de rosas del Corte Ingles y un polvo sin quitarse los calcetines entre el lujo y el glamour que confiere una habitación con cuadro de bodegón del Hostal El Corzo o similar. El vampiro resultante también fue transformado.

 

El siglo XIX avanza y los elementos físicos del monstruo se potencian. Se produce una simbiosis con un pensamiento mucho mas llano y materialista. La leyenda que vino del pueblo y pasó al intelectual vuelve otra vez a la cultura popular para reinventarse. Esto es, si el vampiro vive en un castillo, sera que pertenece a una clase social elevada, será que tiene dinero. Si busca la belleza, que mejor que preferir a las jovencitas mas lozanas del lugar. Si las muerde con sus largos colmillos y las transforma y pervierte con un derramamiento de sangre, les reto a que me busquen una metáfora sexual mas acertada. Si la cruz le jode, será que no es un hombre casto, puro y postmatrimonial.

El vampiro pasó de ser amoral a ser el mal, el cabrón que se jama a las jovencitas castas de una sociedad puritana y civilizada como la de finales del XIX. Parafraseando una de tantas maravillas de las que se dicen en las muy recomendables Reflexiones de repronto: “Dracula es el retrato del aristocrata putero, que ademas de quedarse con el trabajo de tus tierras, tambien quiere quedarse con tus hijas”.

 

En base a este personaje de pasado trágico, acento exótico, dinero en el bolsillo y capacidades amatorias hipnóticas se fundamenta el verdadero mito de terror que identificamos actualmente como vampiro. Acompañado de la imagen que le cederá el cine de la Universal de los años 30 y la Hammer de los 50. Hasta que poco a poco la lucha de clases deje de tener sentido y, como uno de tantos símbolos que denunciaban la generación noventayochista en este país, acabe siendo mas ridículo que otra cosa. Sustituido definitivamente por el zombi, (el eslabón perdido entre los dos sería la acojonante Soy leyenda, de Matheson.) que a su manera, no es mas que el vampiro proletario, colectivo y de origen científico. Y va en chándal. Algo mucho mas terrorífico en el siglo XX.

 

3. EL VAMPIRO CONTEMPORÁNEO

"Si las nenas quieren misterio, se les da” (Mario Vírico)

 

Pero todo mito, sea su momento o no, sigue mutando y perviviendo. De mejor o peor manera. La evolución del vampiro en la segunda mitad del siglo XX, momento en el cual ya estaba prácticamente herido de muerte y anclado a un paso de lo autoparódico, es un giro antitético pero no del todo inesperado.

Por un lado la liberación sexual creaba una nueva serie de estereotipos del morbo, la mujer, principal protagonista de ese movimiento, requería una nueva imagen mental de lo que hasta no hacía mucho era el símbolo, al mismo tiempo atractivo y repulsivo, del sexo oscuro y peligroso. Este lavado de cara del desvirgador en una sociedad post-mayo del 68, junto con la tendencia obsesiva del siglo XX por humanizar al monstruo (potenciada aquí por el factor femenino de la ecuación y el origen, a veces mal entendido, romántico del personaje), confluyeron en el vampiro.

Fíjense que al contrario que en cualquier otro ente sobrenatural, el vampiro mainstream ha sido principalmente escrito a partir de los 70 por mujeres (Anne Rice, Poppy Z. Brite, Claudia Gray y como no, Stephenie “Crepúsculo” Meyer -nada que ver con la grandiosa Mary Shelley, ninguna-). Cada vez se ha ido reincidiendo más en el amor rosa, en una sexualidad naïf, en cierto componente homoerotico y en la bondad intrínseca del ser maligno. Algo inexplicable hasta ese momento y norma general a partir de entonces (claro que hay excepciones, pero no vamos a eso).

 

¿Y como deja esto al vampiro original? Esto es. ¿Se puede afirmar que Crepúsculo es el equivalente al gran cómico que acabó dando monólogos en baretos de mala muerte a copa la carcajada? Podemos acuñar, en base a la naturaleza del vampiro original, que si en un principio buscaba una belleza pasando por la perversión de la joven y disfrutaba de eso, porque esa era su naturaleza. Al explotar su bondad, limitamos su naturaleza, y eso nos da un vampiro frustrado, que como en Entrevista con el vampiro se alimenta (metáfora sexual) de animales para no dañar a humanos o que, en historias mas actuales, incluso llega a no morder aunque esa persona lo desee.

Vamos, que es un pajero. Un violador que en un rincón, se la pela y luego las mira con buenos ojos.

Si, podría sacarse todo un catalogo de frustraciones y/o desviaciones sexuales fundamentadas en que el vampiro es buena gente. Y es que, desde el punto de vista del terror, al haber sido domesticado por el género que antes era su almuerzo, subconscientemente se le ha convertido en un referente sexual de diseño, en un ente de una peligrosidad relativa para disfrute de la adolescente con necesidad de peluchones cascarrabias. Y en un calzonazos.

 

02/11/2009 17:02 Autor: El equipo galletero. Enlace permanente. Tema: el gótico.

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Autor: Paperboy

¡¡Bravooooooooooooo!! ¡¡¡Pffffffffffiiiiiiiiiuuuuuuuuuuuuuuuuuu!!! (onomatopeya de silbido)

Fecha: 02/11/2009 18:20.


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Autor: Lord_Pengallan

Magnífico post.
Menos mal que a mi no me han gustado los vampiros, porque sino ahora me sentiría humillado.
En el fondo es volver a tener 8 años, cuando uno esta absolutamente seguro de que las niñas lo estropean todo.

Fecha: 02/11/2009 21:02.



Autor: El gotico

Quizá el problema que subyace a todo esto es el prototipo de escritora media actual. Imbuida en una corriente de mercado tan rigido como estereotipado y reduccionista. Que no permite posibilidad de promoción para la que SI tiene algo que contar.

Pero ese es otro tema.

Fecha: 02/11/2009 21:15.


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Autor: Lord_Pengallan

gotico, yo estaba hablando del público. De la corriente de mercado. Son las adolescentes las que lo acaban estropeado todo.

Fecha: 03/11/2009 20:05.



Autor: El gotico

OK. No le entendí del todo, aunque me acerqué.

Por cierto, no se lo digo en todos ss comentarios, pero las críticas en su página estan muy bien.

Fecha: 03/11/2009 20:09.



Autor: el vampiro domestico

Buuuuaaaaaa tiiiiooooooo!!!!! Buaaaaaaaa que rico!!! Me acuerdo yo que estando en Santander ya me diste una avance de este tema en el Circus. Eso,mu rico.

Fecha: 04/11/2009 17:08.



Autor: El gotico

Es que yo estas cosas las mastico bien, tú. Que no me salen de jartada, asi, tremendista.

Fecha: 04/11/2009 20:08.


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Autor: Darthz

Interesante artículo... Pero yo me niego a pensar que la figura del vampiro es la de ahora. Para mí será la primigenia, la mordaz, la única, la realmente coherente con su historia y sus principios. ¿Que ha degenerado? Sí, y lo analizas con humor y de forma muy amena. Hemos llegado a un punto en el que el vampiro no es en realidad un vampiro, porque pierde su esencia.

En cambio... y esto me parece un punto importante, Alan Ball está trabajando otra clase de vampiros y de sociedad en su genial True Blood, ¿qué piensan ustedes? Realmente se da una alternativa lógica por la que los vampiros no matan humanos, ya que tienen la true blood en frasco. Y aún así vemos que el vampiro no puede rebelarse contra lo que es y siguen habiendo guerras y continuos conflictos... y el humano sigue temiendo su figura.

Fecha: 09/11/2009 15:40.



Autor: El gotico

Ya comenté que existen excepciones a la norma, esta claro. Lo que intento esbozar aqui es mas una linea troncal de las caracteristicas basicas del mito. Lo que no significa que en base a amalgama o reescritura no se puedan dar otro tipo de temas mestizos.

Por un lado tenemos la utilización del vampiro como monstruo amoral con cierta reglamentación basica como excusas para ser la nemesis molona de heroes/antiheroes. En maravillas tipo Vampiros de Carpenter o Abierto hasta el amancer. Donde esa personalidad plana e irracional los hace ganar enteros.

Por otro, como comentas hay opciones que reinventan el mito aplicandolo fuentes externas al mismo y fusionandolo con otros elementos de distinto género, ahi tenemos la reescritura cientificista/superheroica de Morbius en la Marvel de los 90 o True Blood.

Fecha: 09/11/2009 15:48.


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