Critica Cortinesca: EL HOMBRE ELEFANTE -David Lynch, 1980-

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Aquí volvemos con Cortina y uno de sus laaaargos (y un poco pomposos pero interesantes) textos, como en el anterior. La parte en rojo son anotaciones mias. Disfruten. 

EL HOMBRE ELEFANTE  

FICHA 

Director: David Lynch.Guión: Christopher de Vore, Eric Bergren, David Lynch, Productor: Jonathan Sanger.Fotografía: Freddie Francis.Música: John Morris. Productor Ejecutivo: Stuart Cornfeld.Interpretes: Anthony Hopkins, John Hurt, Anne Bancroft, John Gieguld, Wendy Hiller.Productora: Brooks Films Limited.Duración: 118 minutos.Año: 1980.

SINOPSIS 

Londres victoriano. El doctor Frederick Treves acude a un espectaculo de freaks. Alli conoce al Hombre Elefante, un hombre malformado que vive una vida de recluso bajo el yugo de su cuidador. Treves busca hacerse cargo de su caso y llevarlo al hospital donde trabaja. 

COMENTARIO

También los monstruos tienen madre. La esposa del doctor Treves no cae en la cuenta de esto y por eso cuando John Merrick, “el infeliz hijo de Inglaterra”, le enseña una pequeña foto de su madre ella no puede evitar abrir los ojos y decir con sorpresa “pero si es preciosa”. Es verdad, el Hombre Elefante tenía una madre muy guapa. Las primeras tomas de esta historia recorren pausadamente sus rasgos femeninos y su expresión rara, porque pone una cara rara en la foto, un poco triste y ambigua, y unos ojos soñolientos bastante juntos y negros, y una boca torcida, una expresión lejana de retrato viejo, una expresión difícil y algo perdida. John llevaba siempre esa foto con él y decía que era el rostro de un ángel. Era John Merrick infantil y algo ñoño para sus 21 años, claro que eran unos 21 años muy especiales.

 

No sabemos qué fue de su progenitora. Dice el hijo que intentó ser un buen hijo, que trataba de ser bueno, que trataba, nos figuramos, de no ser un monstruo. La señora Treves imaginó entonces a un niño elefante donde veía un hombre elefante, imaginó un niño monstruoso y lloró, lloró porque un niño monstruoso es una realidad demasiado agresiva y chocante, es un poco como ver el dolor en carne viva y sin anestesia, un demasié muy violento. Lloró ella, y con ella los espectadores, lloramos todos ante la inevitable imagen del niño-monstruo.

 

 La cuestión de la madre surge en la película como una evocación de desgarro y de candor perdido, de ella sólo tenemos esa foto y suposiciones amargas y punzantes, pero la maternidad es aquí un tema urgente también porque Merrick necesita de las bondades de una madre, y pronto. (Quiza, en mi opinion, el unico ser humano bueno en toda la historia sea éste. El sugerido, el idealizado, el que no aparece para joder con la realidad –G-) Su fealdad hiperbólica le convierte en inútil y dependiente, le aleja de la mirada de los demás, le aísla, su alienismo le aliena y le complica casi todo, le arroja a la esclavitud, al desvalimiento y a la Biblia, le pasea por las ferias, le esconde en pajares insaludables, le niega los besos para siempre. En este plan le encuentra un cirujano curioso y distinguido llamado Frederick Treves (Anthony Hopkins).

 

Las historias están formadas por retos, conociendo su reto sabemos qué son y de qué van. El espectador de esta película desconoce verdaderamente el reto de la historia hasta que por fin ve al protagonista. El protagonista es un personaje histórico, y el rigor de lo histórico impone mucho cuando por fin se contempla el onírico, el vanguardista, el fabuloso, inagotable, inefable, inhumano y delirante y espeluznante aspecto histórico de John Merrick (John Hurt). Da mucho que pensar John Merrick y su reto histórico y terrible nada más verlo.

 

Así que Treves acude a ver al engendro de un modo ambicioso y profesional y se encuentra con que debe ejercer de madre protectora. El camino de Treves es el camino hacia el desinterés, un trato que jamás conoció Merrick en su mundo de orfandad y espectáculo underground. Como sucede con las bellezas extremas, la monstruosidad extrema también despierta instantáneamente diferentes fibras e intereses. Alrededor de Merrick se excita la curiosidad de los periódicos, la amistad de los excéntricos, la sonrisa piadosa de los escrupulosos, el grito de los niños, la amargura de los reflexivos, el sobresalto de los desprevenidos, el ansia mercantil de los avaros y la naturalidad de los falsos. A todos excita Merrick, a todos remueve.

 

Como en Divinas Palabras de Valle-Inclán , aquí se disputan al monstruo. Bytes, su “propietario”, lo quiere de vuelta, también un aprovechado del hospital lo utiliza veladamente como un circo humano con el que ganar dinero. El propio Treves gana fama y notoriedad y se pregunta si es la suya también una ambición de mercader. La fama convierte a Merrick en un hombre de moda, la “gente bien” se persona en su habitación sin espejos con una impostada sonrisa buscando réditos sociales. El circo se monta allá donde va.

 

Treves lucha contra su interés, lucha de verdad por procurar una madre a su monstruo, que al final termina siendo su amigo. Termina también Treves necesitando su compañía y su voz babosa, congestionada y atenta. Su distinción, su probidad y su malformación acaban siendo parte de la vida de Treves, que asume su papel y su lucha, lentamente. Quizá su implicación verdadera y sentida comienza cuando ve que John es inteligente, cuando dentro de toda aquella hórrida costra tumorosa y lunar descansaba una conciencia y una voz propia. Aquí encontramos la grandeza y el drama de Merrick.

 

Como en El Milagro de Anna Sullivan, como en Johny Cogió Su Fusil, nos encontramos con la confianza indulgente en la estupidez. Confían todos en la falta de conciencia, confían y esperan la nulidad mental del monstruo, niegan el dramón de la inteligencia, de la soledad enterrada viva, del abismo invencible de años y años y años dando gritos a oscuras, de la desconexión absoluta y total con las cosas del mundo.

En el film el protagonista encuentra dos fuerzas benefactoras. La primera es la del Hospital de Londres. Allí se integra y hace familia, una nueva familia de enfermeras, médicos, blancura y asepsia. Allí viste como un dandy y recibe a gente, desarrolla su creatividad, le tratan de don, acumula fotos dedicadas y empieza a cultivar su amor propio, su ego enterrado, por allí pasea su andar laxo y oscilante con bastón, ensoñado y vanidoso (¡qué extraña visión ver al monstruo bailar como una peonza por su cuarto!)(Extraña y simbolica en cuanto a intento de alienación, pero alienación controlada en su hogar/jaula/carcel/hospital –G-). Se permite hacerse el interesante en las tertulias, dice sirviendo el té, “la gente teme a lo que desconoce”. Empieza entonces a desarrollar ese amor propio obligatorio para poder vivir y expresar cosas.

 

La otra benevolencia (que es puntual pero decisiva y salvífica) la encuentra en la feria, cuando Bytes le secuestra y reedita su mórbido espectáculo. Merrick, mudo y animal nuevamente, desfallece. Se jodió la cosa. El enfermizo “propietario” estalla. En una fantasmagórica escena Bytes encierra a Merrick en una jaula con babuinos rabiosos, a la luz de la luna, cuando las carretas del circo descansan en un extraño claro de bosque. Vemos entonces que los demás “freaks” (que como sabemos gracias a Tod Browning tienen un sentimiento de hermandad muy fuerte) le devuelven a la libertad. “Suerte, nadie la necesita más que nosotros”, le dice un enano cuando se despide. Y retorna John al Londres de máquinas y humo de chimenea.

 

Sabemos que también en libertad John está desvalido (lo increíble de esta película es que el tema principal es el simple hecho de que un hombre inteligente, cuerdo, relativamente sano, no puede salir a la calle, ni vivir por el espanto que despierta su fealdad) (Claro y simple ejemplo de los debiles pilares en los que se sustenta el mundo que nos rodea –G-), protegido solamente por una bolsa de tela con un agujero para poder ver. Se termina despertando primero la curiosidad en torno a él y a su cabeza oculta, la gente se agolpa en torno suyo, después le arrancan su bolsa y llegan los gritos y el frenesí. Resurge aquí el amor propio, vindicativo de Merrick, que se enfrenta aquí a la masa, que grita a la masa, les grita: “no soy un elefante, no soy un animal, soy un ser humano”. Merrick se gana aquí la especie. Todos callan ante el hombre que se ha hecho a sí mismo, que ha pasado de monstruo a hombre. Y con su labrado amor propio de ser humano llegamos al final.

 

Confieso que la muerte, los porqués y los cómos del fin de Merrick no me quedan muy claros. ¿Es un suicidio o una muerte? Los indicios de suicidio son dos: que dice “ha llegado la hora”, y el hecho de que si se tumba como los demás en la cama muere. Pero esta segunda información la sabemos por Bytes, que no es una autoridad médica ni mucho menos. Y además ¿por qué decide suicidarse precisamente en su mejor momento, después de haber hablado con Treves sobre volver al teatro, después de recibir el calor de la gente? Por otro lado las enfermeras hablan justo antes de que se encuentra en una fase terminal, de que se está muriendo… (ME gustaria añadir aquí, como colofon a todos los comentarios que he realizado a lo largo del texto, que yo vi una version un poco mas hipocrita de lo que comenta nuestro amigo Cartina, el aplauso final del Hombre elefante lo considero, teniendo en cuenta el ideario de David Lynch tambien, como la maxima expresion de la falsedad social y de la lastima que dan todos los personajes de la pelicula: Los ricos, los pobres, el doctor y el monstruo. Una sociedad que no sabe muy bien que hacer –si maltratar, curiosear, aprovecharse o elogiar- con un hombre cuya cara da asco, solo eso. –G-)

 Pero el caso es que muere, y con él su sufrimiento de monstruo y su desamparo. Si otros monstruos como Quasimodo, Erik el Fantasma de la Ópera de París, la Bestia de La Bella y la Bestia buscaban un romance, una novia, un amor adolescente y besucón, el Hombre Elefante, que es un personaje infantil, anda falto de un amor mucho más primordial y acuciante: la asistencia maternal. Esta es la historia de la maternidad negada del niño-monstruo, solo y sucio como los niños de Dickens, alucinante como los monstruos de Lovecraft. Terrible conciliación de registros la del niño-monstruo. Que al final ya no nos parece tan repulsivo y ajeno, que nos es, ya familiarizados, ya conmovidos, más uno de los nuestros, el infausto John Merrick. (Donde Lynch consigue hacer daño. Merrick ya es uno de los nuestros, ya hemos sentido lastima de él, luego nosotros somos como esa gente hipocrita que ha salido en la pelicula. – G-) 

Un saludo.

Cuidense.

20/06/2007 18:27 Autor: El equipo galletero. Enlace permanente. Tema: el gótico.

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Autor: travis

en cuanto lei "pomposo" y "cortina" pense "ya lo e leido"

Fecha: 21/06/2007 10:01.



Autor: Polako

Joder, llevo sin meterme aki meses, ahora tengo trabajo acumulao a saco.

Fecha: 22/06/2007 14:48.



Autor: iza solo

Iba por la mitad cuando se me ha ido el apoyo del brazo en la mesa y me he dado una hostia quedandome grogi, ya lo terminaré luego que estos artículos suelen ser interesantes, pero hay que digerirlos poco a poco.

Fecha: 22/06/2007 18:52.


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Autor: joao

a mi me da mucha pena me habria gustado verlo

Fecha: 25/06/2007 23:09.


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Autor: gonzalo

tiene mucho mensaje y me gustaria que la pasaran en todo el munndo para que se den cuenta de el coraje humano hacia la personas que no son iguales a ellos y aprendamos todos juntos a respetar y querer tal cul como son a las personas

Fecha: 03/07/2007 22:07.


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Autor: karcerre

Y nosotros nos ahogamos en vaso de agua??

Fecha: 30/07/2007 20:50.


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