La Hammer y su cine: "ACERCA DEL ENIGMATICO DOCTOR QUATERMASS"

20070324204420-quatermass.jpg

Texto ligeramente rebuscado y opinión: Maestro Cortina

Documentación, imagenes, dueño de los dvds de la saga Hammeriana y guardian de otra opinión que no escribe por vagancia: El Gótico

ACERCA DEL ENIGMÁTICO DOCTOR QUATERMASS

“Un cohete experimental se estrella en un pequeño pueblo de Inglaterra. Dos de los miembros de la tripulación han desaparecido sin dejar rastro alguno y el único superviviente, Victor Carron, sufre una extraña mutación que lo convierte en un ser agresivo y terrorífico. El profesor Bernard Quatermass, el científico responsable del lanzamiento de la nave, sospecha que Carroon ha sido invadido por un parásito alienígena, el mismo que acabó con los otros dos componentes de la tripulación. Quatermass y su equipo lucharán para dar caza y destruir a la criatura asesina en la que se ha convertido Carroon”.

Sinopsis de “El experimento del Dr Quatermass”.

“El profesor Quatermass descubre por casualidad una misteriosa instalación gubernamental rodeada de fuertes medidas de seguridad. El misterioso complejo se dedica a la fabricación de comida sintética pero Quatermass sospecha que hay algo más…A partir de una serie de hechos, Quatermass llega a la terrible conclusión de que los extraterrestres están invadiendo la Tierra con estas instalaciones como tapadera. Para salvar al país y al mundo entero de los invasores, Quatermass deberá enfrentarse a los peligros terribles con un final incierto”.

Sinopsis de “Quatermass 2”.

Bernard Quatermass es claramente el personaje-saga más inverosímil de cuantos he visto en mis últimos tiempos. Creo, pienso que es tema apto de un primer ejemplar de fanzine juvenil, pues se trata de un conspicuo producto de la excéntrica productora inglesa “Hammer”, o sea, “la Hammer”(espero que este casticismo nominal no resienta los escrúpulos del posible lector anglófilo ortodoxo, por esto añado: “The Hammer”), pequeña y prolífica industria (trasunto de la factoría Corman, American Internacional, en los U.S.A) que animó las carteleras con sus desmanes vanguardistas, y cuyo parangón se enarbola hoy en día desde revisionistas facciones ansiosas de atrevimientos “retro” como estandarte arqueológico del “underground” y la “filo-serie B”.

Hammer Films afrontó (entre las décadas que median entre las postrimerías de los cuarenta y el declive setentero) empresas de muy variada índole. Proyectaron versiones coloristas de clásicos intemporales en estudios paupérrimos con neblina artificial (y sazonadas en los últimos años de multitud de sugerentes motivos eróticos, cuestionables y extemporáneos a veces desde el punto de vista argumental, sostenibles y encomiables sólo desde el hormonal), recreaciones rabiosamente testimoniales con indudable regusto malsano de Guerra Fría y amenaza crítica, películas con saurios quiméricos de plastilina o fotomontaje y minimalistas bikinis cavernícolas, ominosos insectos gigantes y ciudadanos aturrullados, filibusteros y ostentosidades “de época”con simpático tufillo a “atrezzo” y maquetas de naves temerarias surcando piscinas embravecidas; urdieron en ocasiones cintas incoloras con angulaciones de una audacia que ni Welles, y en otras probaron exacerbados cromatismos hortéricos, como de burdel barato.

Tuvieron actores con presencia respetable, de gentleman, como el espigado Peter Cushing, que bien podría ser un remilgado prócer de la House of Lords o un pasional shakesperiano de proscenio y bambalinas; tuvieron también actores pasables, actores irregulares, actores ínfimos, y hasta infimísimos, auténticos maestros del descrédito; se encuentran tramas imposibles, tramas oscuras, indefinidas, tramas involuntariamente cómicas, increíbles, motivadas posiblemente por el hastío, las deudas o el alcoholismo, sé de tramas aterradoras, tramas endiabladamente raras, místicas, guarras, tramposas, enfermizas, inclasificables, entre la coña y lo sublime; hay chorradas susceptibles de inclementes humorismos sarcásticos que se suceden sorpresivamente con pasajes intimistas de profunda intuición y sabio oficio; ellos, los hammerianos, crearon a las mismas báquicas vampiresas exuberantes que se deslizan en nuestros sueños más inquietantes con sigilo felino, mítico, y uñas de nácar entre velos oscilantes a la luz de la luna (les remito a los ecos gótico-alegre-festivos hammerianos que evocan los escotados senos expresionistas que sostenía con carácter la mismísima Elvira, ya saben, “la chica de vanguardia…”, también se ve algo de esta inspiración en la esposa de Herman Monster), conquistaron a multitud de espectadores, llevaron a la pantalla al sagaz vecino de la Baker Street para desentrañar las imposturas del caso Baskerville, pergeñaron licántropos, momias, contrahechos humanoides Frankensteinianos perseguidos por turbas de campesinos armados de antorchas y aperos de labranza, y Dráculas con jeta de Christopher Lee, siempre infaustos, fetichistas, alérgicos y explosivos (o letales, si se prefiere). Todo con convicción iconoclasta y a la vez en una dinámica de innegable regusto a cine “de género”. Tuvieron éxitos, flagrantes despropósitos, y entre tanto se ganaron un buen número de incondicionales prosélitos, que se conserva, generación tras generación, con buena salud y conciencia de exclusividad purista.

Se encuentra de todo en la Hammer Collection (editada en DVD por Manga Films), y lo digo pensando en calidad, género, vedettes, intérpretes, tecnicismos, destreza cinematográfica, caracterización, disfraces, alquimia creativa y demás variables. O sea, hay una heterogeneidad notable, solo que quizá con un sólo canon palmario, esto es, con una disposición homogénea tendente al exceso. Y sin duda es el género fantástico el que más se presta al asunto, de ahí que sea tan atractivo.

La verdad es que, entrando a gustos personales, a mí las películas que no se mojan y que pretenden el equilibrio, la armonía, la austeridad a veces y hasta las simetrías estructurales me dan un sopor que igual si lo pienso es grima. Imagínense: una película social, pocos personajes, todo muy “ realista” (o sea, no pasa nada relevante, uno compra el pan, el otro descubre lo dura que es la pobreza, el otro recuerda al primero y el restante es un poco homosexual)… y para colmo el principio y el final se parecen, y uno, esperando el puñetero final medio dormido, de pronto alucina y se ve metido en una especie de infierno circular, infinito… hasta que pilla la simetría y se larga de la sala con una risa maníaca. Pero el género fantástico, con su tendencia al desequilibrio, al entretenimiento, al sobresalto, con su imperioso (a veces ridículo) ánimo de conmove y conmocionar, se me hace sugestivo, afín y familiar, simpático y, en muy pocos casos, hasta loable.

El objeto de toda esta paliza propedéutica no era otra que hablarles de Quatermass, que es un gran personaje. Y les cuento desde ya, lectores, que no soy un incondicional de la proclividad al desparrame que lucen y conculcan los hammerianos . Yo, buenamente, pretendía circunstanciarles y definirles a nuestro héroe bajo estas ambiguas nociones, como esbozando toscamente lo que tenemos entre manos. Y ya después de haberme reconducido, miro arriba y veo que tenemos un ingobernable cúmulo de desquiciamientos y antinomias que sólo apuntan inevitablemente a la singularidad, a la sorpresa, incluso al desconcierto. Es el único género que se mantiene año tras año en lo anaqueles de los videoclubes con su intachable y genuina formulación de “entertiment”(en su sentido más lato y ecléctico, se entiende). Es el género que menos se toma en serio a sí mismo, libre de soberbias presuntuosas y autorías prescindibles (con alguna salvedad). También el que más bodrios puede tener registrados en su haber

Las aventuras de Quatermass, extraídas de un serial TV, marcaron las coordenadas esenciales que debía acometer la producción para llenar el hueco que dejaron las ya extintos lirismos horroríficos de la vetusta Universal. La primera parte de la serie Quatermass fue el “boom” que condicionó el hábitat de todo lo antedicho.

A partir de él, de Quatermass, la factoría se especializó en el género fantástico, comenzó con los remakes de Whale y Browning con pigmentación chillona, con la pareja Cushing-Lee antagonizados a muerte entre todo tipo de turbulentas fantasmagorías y con Terence Fisher tras la cámara. Hombre (Fisher) que llegará a ser lo que Capra a la Columbia o Bergman a la Industria de Cine Sueco o sea, “el director estrella”.

Pero ésta primera, a pesar de ser un título antológico, no está firmada por Fisher, ni tiene de malo a Lee, ni de Van Helsing a Cushing. El director y guionista de las dos primeras películas de la trilogía (hablo de El extraño caso del Doctor Quatermass, 1955,y de Quatermass 2, 1957), es un director “segundón” de Hammer Films , Val Guest (acuérdense de “Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra”, 1970). A éste le ayudó en ambas ocasiones el responsable del primigenio Quatermass para la pequeña pantalla, Knigel Kneale (inmensa influencia Carpenteriana este tipo -nota del G.-). Tipo al que desconozco pero que al parecer no acabó muy contento con el resultado.

En su obra conjunta se denota una pasión por la incontinencia, por el desequilibrio, y a la vez una atractiva sobriedad expositiva (con un objetivo neutro que, a la altura de los ojos, registra con astucia y economía en un blanco y negro limpio y conciso de razonables reminiscencias premmingerianas), muestra por un lado la adhesión a las más gregarias convenciones y a la vez una inescondible pretensión innovadora. Concitan todas las contrariedades antes enumeradas y más, en una síntesis logradísima y llena de nervio y vigor, y de un sentido escénico y de progresión dramática impecables.

Y alternativamente demuestran un desparpajo olímpico para sortear o ignorar u olvidar los vericuetos, caminos, planteamientos que se abren argumentalmente según avanza la alambicada intriga. De modo que a veces resulta una hilarante rapsodia del gamberrismo, y se termina viendo la cosa como se ven las subversivas pajas mentales de Buñuel, Cocteau, Ed Wood o los Marx, en rigor, todo está “traído por los pelos” o “metido con calzador”. Se ve además que el bueno de Guest lo hizo todo sin complejos, atendiendo a sus intereses, desentendiéndose con cabal desdén de causas explicativas, como apuntando a un estadio desgajado del análisis racional. Afrontando sus trepidantes narraciones de acción con alienígenas invasores e informes, como Tarkovsky rueda sus contemplaciones infinitas, erráticas y silentes.

Entonces es cuando el espectador piensa que le están tomando el pelo, y ve entonces la extraña amalgama de obvias licencias ilógicas con la seriedad de diversas emociones, y las trampas dejan de ser interpretadas como un insulto mendaz al espectador para pasar al ámbito de la broma entrañable, de la concesión respetuosa. Simultáneamente se intuye la mente enferma pero valiosa que se esconde detrás de todo el artificio. Es casi inevitable sonreír con cierto pasmo y circunspección, como tanteando el terreno desconocido de las regiones mentales de un demente.

Los giros argumentales y demás ardides chapuceros, que sólo han podido haber sido pensados para un espectador de retención memorística aproximadamente nula o desde el desinterés o el descuido más cicatero, dejan de obstar al disfrute del film y terminan por comparecer uno a uno ante el espectador como detalles enriquecedores, con encanto. Y este legado de hibridaje de desdén de verosimilitud y autenticidad persiste en la tercera de la saga, inferior pero de gran interés (hablo de “Quatermass and the pit” o ¿Qué sucedió entonces?”, 1967, dirigida por Roy Ward Baker).

Si Lubitsch se trajo desde Europa a Hollywood a su exótica diva Pola Negri, si Stiller hizo lo mismo con la esfinge imperturbable de “la Garbo” y Sternberg con la casi pubescente Dietrich, Val Guest, inveterado contracorriente, se trajo de la “majorParamount Pictures al otro margen del Atlántico a un otoñal actor de segunda categoría llamado Brian Donlevy. Pero dejemos ya de lado el “cómo” y vayamos a la cuestión concluyente y principiante de este escrito, ¡hablemos de Quatermass!

He ido dando rodeos concéntricos más y más aproximados a esta figura que pasa desapercibido incluso en títulos fílmicos que llevan su nombre. Y es que tiene nombre de título. Pero después uno le ve y, en fin, al lado de su nombre él no es tan vistoso. Quatermass pasa entre tanta excentricidad increíble con su gabardina abotonada, peinado, con su ceño torcido y su verbo atropellado de cowboy sin dejar que su alrededor le contagie y le despoje de su absoluta ecuanimidad, de su retorcida transparencia.

Quatermass es vagamente expresivo y es además un personaje en cierto modo claro, lineal, pero dispuesto en la trama de un modo astuto y equívoco, es en cierto modo una pieza simple que dota de complejidad al constructo general. Es distante e inaccesible, es una nota clara y sensible en un complejo entramado difuso y enigmático de resonancias infernales.

Quatermass es un hombre atribulado, es el cerebro de las investigaciones espaciales del Imperio Británico, lucha en pos de la Ciencia. Según él mismo, la conquista de unas indefinidas metas científicas es su imperativo vital, y esta meta le inspira discursos enormemente elocuentes frente a la catástrofe mundial.

Quatermass se aleja enigmáticamente al final de la primera parte asegurando nuevos avances y técnicas, y nuevos experimentos. En cierto modo él, solitario (es sorprendente lo poco que se sabe del protagonista a lo largo de las películas), delibera con incólume racionalidad con una obsesión de ganar la partida a la Naturaleza y a lo ignoto que, si fuera menos indefinida y gris, podría parecerse al Ahab el ballenero(en ete sentido tiene quizá algo de Bartlevy).

Le aseguro al lector que nadie al que haya visto salvar al mundo le puede dar tan poca impresión de heroicidad como Quatermass, tanta circunspección, tanta anomalía. Él, el insatisfecho profesor con grandiosos proyectos de domeñar el acontecer de las cosas, tiene algo de siniestro, una velada motivación última, un soterrado reto blasfemo, un punto de histerismo racional pero a la vez libre de afecciones, una frialdad tan inquebrantable, un interés científico falsamente filantrópico (ya le reprocha la mujer de uno de los afectados que para él los individuos son sólo cobayas, al fin y al cabo siempre antepone a la Ciencia por encima de los varios sujetos “afectados” por la hostil paranormalidad) y absorbente incluso para los de su alrededor que, aún como salvador, es otro de los puntos de inquietud.

Esto, sumado a su gris idiosincrasia, a su mezcla de impavidez (detalle que, felizmente, se debe quizá a la insolvencia dramática del actor) y zozobra interior , siempre intranquilo, pero establemente intranquilo, siempre como en un constreñido lamento egoísta que intuye lo que nadie espera, siempre en la tensión del que prevé lo desconocido, y a la vez libre de afecciones, como si siempre hubiese sido así, confieren a este singular personaje un carácter extraño y retorcido, un planteamiento con un inestimable punto de inteligencia.

Porque si hubiesen hecho de Quatermass un hombre sarcástico que interpreta a las noches piezas de Schumann, con una “complejidad” explícita, qué sé yo, con complejos y lúgubres intimidades(es un retrato, el suyo, absolutamente impersonal), hubiesen quizá trocado esta curiosa ambigüedad que contribuye a trazar las líneas maestras de la inquietud tan sutil y lograda. Siempre serio y educado, siempre contenido, no tiene una pinta externa distinguida, es un hombre normal, su porte discreto, su expresión rotunda y faz aguda como de Randolph Scott , su coqueto bigotillo a lo Gable, le hacen pasar por un tipo normal, sano y saludable, con miedos y miserias de a pie. Su megalomanía, su egolatría, quedan curiosamente en un mistérico segundo plano.

Y en realidad se trata de un ser sin vínculos afectivos movido por un despecho infinito ante un indómito logos desquiciado y alucinante que no se deja penetrar. Se pasa las historias calculando estimaciones imposibles, conjeturando obsesivamente, rastreando en pesquisas en los laberintos del conocimiento, afrontando las más oscuras aporías sin arredrarse lo más mínimo, sin asomo de incertidumbre. Siempre con hipótesis monumentales y excesivas que sólo llega a resolver por una extraña intuición no muy razonable, increíble siempre. Siempre se adelanta a los hechos, pero cuando su cariz es ya irreversible. Y de pronto estas amenazas de fuerzas ineluctables, infinitas y prehistóricas toman concreción, y se inicia entonces el enfrentamiento personal, el choque de voluntades indefinidas y patentes de Quatermass, el extraño, y el marciano, otro extraño.

Tan sólo le bastan a nuestro científico dos o tres datos contrastados muy a la ligera para inclinarse con total resolución por una, siempre la más desfasada e abrupta. Además, lo que él entiende por explicación rigurosa son explicaciones propias casi de un chamán con terminología científica. Habla de energías, de fuerzas cósmicas, de ataques inminentes y Apocalipsis, siempre de Apocalipsis. Quatermass defiende lo positivo, pero jamás se le ve cerca de una probeta o haciendo trabajo de campo, no. Tampoco elabora sus teorías con rigor lógico, no, el no es un espíritu contemplativo. Tampoco un charlatán. Es un científico de acción y multidisciplinar, si quiere que le digan lo que ya sabe habla con sus científicos y se lo confirman . Pringa a todo el mundo. Incluso al comisario de Scotland Yard, un tipo sencillo y normal, que a diferencia del héroe, que es curiosamente científico, que se siente atraído por el desdibujado pero innegable carácter quatermassiano.

Aunque es cierto que no es un orador en pura regla, se enardece con convencidas declamaciones científicas más bien a contracorriente de las teorías popperianas falsacionistas que imponen la contrastación experimental para desechar enunciados y preservar así el rigor. Quatermass, es un iluminado, y lo ve todo a golpe de vista, al revés que Popper, lo ve todo con certeza, cree en la certeza y jamás da marcha atrás. Sólo así se adelanta al monstruo. Quatermass no se perdona los fallos, los escollos para el avance y conquista de la Ciencia. Ni silogismo ni trabajo de campo, él urde sus respuestas desde el apriorismo de la iluminación y las suelta con toda su amenazadora verdad, con una certeza fabulosa.

O sea, el héroe de la historia, el defensor del hombre es en realidad tan extraño y someramente antipático, aunque exteriormente no del todo ajeno, que da miedo como el burócrata gris y capaz, pero también algo de un héroe, fanático, obsesivo, tenaz y hasta temerario.Y además científico. Que ya decía Chesterton que un loco no es alguien que ha perdido la Razón, sino que al revés, ha perdido todo menos ella. Y no es otro que este prototipo de la especialización austera y enajenada de la modernidad que corretea por el mismo Londres fantasmal y anómalo de las delirantes intrigas anarquistas del Hombre que fue Jueves, la mejor personificación de lo dicho. Quatermass es la razón irrazonable.

En el más puro estilo clásico el personaje no se define por su discurso, por su diálogo, sino por las implicaciones últimas de sus actos, por su subtexto, que en este caso le confiere, como vemos, este lugar tan singular y pertinente en la historia. Y todo ayudado por compinches científicos, esbirros al fin y al cabo que están dispuestos a morir por sus propósitos. De hecho conocemos todo menos los propósitos, carácter sine qua non, para juzgarlo. Por eso parece neutro y es en realidad siniestro.

Quizá influido por su lógica demente, por su entrañable raciocinio infernal, pienso que de existir, Quatermass sería sin duda el inicio de un supervillano.

Su ambigüedad, su indefinición, su actividad desenfrenada, su mezcla de apasionamiento y frialdad son signos evidentes de una futurible villanía. Al fin y al cabo él es un tipo valiosísimo que trabaja para su gobierno a quien no dejan más que maltratar desde altas instancias y que vive encerrado en sí mismo con espíritus de conquista y un claro desdén por la raza humana.

Bueno, véanlo y me cuentan. La mejor de la trilogía es la primera parte. En las dos primeras de Donlevy, la tripulación de un cohete se ve absorbida por una impensable biología invisible y energética con voraces ambiciones. Este ser, por una razón desconocida que Quatermass parece aceptar como obvia, toma la forma de uno de los de la tripulación, un sufriente doble de Max von Sydow mezclado con “el Nen”. En la recuperación, su naturaleza híbrida da extraños síntomas de difícil interpretación para todos ,salvo para don Bernard, (atención a la escena muda en la que por una ventanilla se ve a la mujer berrear con su pseudomarido), y se termina escapando (hay un claro homenaje a Frankenstein cuando nuestro karloffianoNen” se encuentra con una niña frente al Thames) y va succionando vida a todo tipo de seres (muy destacable su paso por el zoo con nocturnidad y alevosía, con los barruntos aterrados de los animales) hasta adquirir una indescriptible informidad y dimensión. El final en la Westmister Abbey con el bicho tentáculos y la televisión y el berrido estentóreo de la criatura al quemarse es verdaderamente inolvidable. Y Quatermass, tan tranquilo, deja limpiar a las patrullas que llegan y se va a reiniciar sus planes posiblemente lamentándose de la pérdida de tiempo que todo eso le ha supuesto.

 

La segunda es una intriga conspiratoria y notablemente más cara y alocada, llena de agujeros argumentales pero con un encanto innegable. La dinámica es la misma. Un imparable y delirante despliegue de imaginería y derroche esotérico cientificista (pop, cientificismo pop -n. del G.-) tendente progresivamente al colosalismo. Todo trata de un extraño alienígena que manda fragmentos suyos en pequeñas capsulas desde un asteroide que se acerca a la Tierra. Sus fragmentos, gaseosos, convierten a los humanos que abren sus minicápsulas en autómatas que diseñan una fábrica (inexplicablemente idéntica una maqueta que Quatermass guarda en su estudio) cuyo sólo destino es crear al extraterrestre que es, y aquí encontramos una constante, un ser informe y repulsivo que vive en los hangares del lugar respirando su propia atmósfera. Quatermass destruye todo a pesar de las reticencias del gobierno (las altas esferas estaban implicadas, gaseadas por “la cosa”) con ayuda de los pueblerinos de la zona.

 Las escenas de la zona industrial semidesértica podían haber sido filmadas por el maestro Tourneur o trazadas por un surrealista (espeluznante la salida del parlamentario de la misteriosa bóveda, con tomas logradísimas tomas alejadas y abiertas, con silencios y gritos secos). La monumental montaña extraterrestre del final no tiene desperdicio.

El Quatermass transfigurado de la tercera, más humano, más próximo, más directo y transparente, más estudiado en sí mismo (y no en función del todo) es infinitamente peor (Quiza solamente mas viejo y cansado debido a su expulsión del programa espacial... a mi la tecera me encanta -N. del G.-). A veces los azares del cine marcan sus designios con claridad, sin duda Brian Donlevy es Quatermass, y Quatermass es Donlevy, como pasa con, por ejemplo, Kane o John MacLane. La película, con una exasperante estulticia castrense como obstáculo para Quatermass está muy bien llevada, muy conseguida. La trama es aún más enfermiza que las anteriores, pero eso lo contaré otro día. (No lo  va a hacer, lo se, asi que dejo aqui la sinopsis de ésta, ultima gran obra de terror-ciencia ficción clasica, -siendo de 1967, la siguiente gran pelicula del genero será la primera del nuevo "terror contemporaneo": La noche de los muertos vivientes, Romero, 1968-. : Durante unas excavaciones en Londres, aparece un extraño objeto de gran tamaño. Al principio se cree que puede ser una bomba de la Segunda Guerra Mundial lanzada por los nazis. El ejército descubre que no es nada parecido y llama al profesor Quatermass, que junto con el doctor en antropología Roney y su ayudante Bárbara Judd intentaran explicar el enigma. El profesor Quatermass descubre en su interior unas criaturas alienígenas que intentaron conquistar la Tierra en tiempos prehistóricos y, a través de sus experimentos en los primeros hombres, alteraron la evolución humana hasta llegar a su estado actual. Aunque adormecidas por muchos siglos, ahora existe el peligro de que puedan despertar y tratar de dominar a la humanidad... ustedes mismos si no es total. Por cierto Carpenter realiza un remake argumental en la genial "El Principe de las tinieblas" cuyo guión Carpenter firma con el pseudonimo de Allan Quatermass. Digno de verse. N. del G.)

La tres tuvieron gran éxito en taquilla, desconozco la voluble opinión de la crítica. Y sin mayor dilación les dejo, que ya estoy cansado y temo que estos apuntes que se me han hecho bastante más tochos de lo recomendable para mantener su atención. Bueno, pues eso, véanla y me cuentan. Verán como Quatermass es una buena prueba de que los personajes no tiene por qué ser teatrales, o habladores, o expresamente raros, o abiertamente oscuros y demás mascadas modernidades. Aprendan de la humilde lección del cine clásico, del feliz afán de discreción de Quatermass.

 

 

Acompañamento al texto del maestro por parte del Gótico: El triunvirato Cushing-Lee-Fisher son de una genialidad exhacerbada y molan que te cagas. Una vez aclarado esto, existe una cuarta parte de la saga Quatermass para la BBC, The Quatermass conclusión, que desgraciadamente no hemos podido localizar ni visualizar, si alguien lo ha logrado, comuniquesé en comentarios y cuentenos algo. Thanks

PD: Mas información aquí.

24/03/2007 19:30 Autor: El equipo galletero. Enlace permanente. Tema: el gótico.

Comentarios » Ir a formulario


Autor: iza solo

Que artículo más cojonudo.

Lo que más me mola de Quatermass es como se montan unos líos de la hostia en nada, en la tercera hay una escena que comienza con todo dios pensando que el cacharro es casi con toda seguridad una bomba tipo V nazi y acaba con la conclusion de que es una nave extraterrestre que se estrelló en la era prehistórica, y todo en una puta escena de 2 o 3 minutos a lo sumo.

Fecha: 29/03/2007 16:49.


gravatar.com
Autor: Orgullo Friki

Saludos galleteros! Disculpa que me cuele en tus comentarios, pero no encuentro otra forma de contacto contigo y creo que te puede interesar.
En 2006 conquistamos el mundo.
Un año más tarde...

ha llegado la hora de decidir quién se lo queda


¿Héroe o villano?
Elige tu bando y participa en la batalla final
25 de Mayo de 2007

Día del Orgullo Friki

Fecha: 29/03/2007 17:22.



Autor: iza solo

¿¿¿¿es ese día en el que aparecen en la tele tías vestidas de personajes frikis con ropas que enseñan más de lo que tapan????

Si, creo que podría interesarnos... "compartiría" gustoso el día con una Elektra bien dotada...

Fecha: 29/03/2007 17:44.



Autor: Linkito

Muy bueno el articulo y añadidas las peliculas a mi lista de descarga.

Se nota que te lo curras 1 huevo

:D Dia del Orgullo friki?

aki de eso no ai^^

Fecha: 29/03/2007 21:05.


gravatar.com
Autor: Red Skull

Si hay que elegir yo me quedo con lo de villano, ya que toda la vida atacando al capi no me deja tiempo de cambios.

El articulo insuperable, pero demasiado serio y algo aburrido de leer.

Fecha: 30/03/2007 16:09.


Añadir un comentario




No será mostrado.








GALLETAS MECANICAS CRUDAS

Cine, comic y cosas que no son ni comic ni cine... ¡Bienvenidos al blog donde damos galletas crudas!



SIGAN LEYENDO
AVIDOS AL GÓTICO
(que no a Travís,
que es mas casero) EN:





Temas

Archivos

Enlaces

greatests hits galleteros

blogs que adoramos

tebeillos trolebus

otras petisoperias

cine y televisión


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras, y Evento Blog España. Vota en los Premios Bitacoras.com [Blog Oficial en LaInformacion.com]