
18.38 de la tarde, entro en un baño del edificio central de universidad y me encuentro a dos personas dentro.
La primera, de espaldas, intenta con cierta dificultad, utilizar el secador, uno de esos automáticos que debes colocar las manos debajo para que se activen, éste no lo hace.
El otro es profesor de alguna carrera de letras, no recuerdo cual, lo reconozco de una compartida estancia en una residencia hace un par de años, aunque él no parece acordarse de mí, aun así (como el personaje rimbombante, de mirada fija y ojos saltones que es) me mira y dice:
-¿Tu eres escritor?
-… eh… No (¿que clase de pregunta es esa? ¿eres tu bombero?)
-¿Entonces que haces aquí? (pues... ¿mear?)
-…Estaba estudiando en la biblioteca y he venido a comer a la cafetería… (resumen de una vida)
-Ah! Pues te presento a Unai Elorriaga (el individuo del secador gira la cabeza y me mira… mientras insiste en que el trasto se mantenga expulsando aire mas de diez segundos)
-Encantado (¿Quién coño es este tipo? Di algo ingenioso, di algo ingenioso)… te daría la mano, pero... las tienes liadas…
-(Risas)
-(Risas)
-(Mas risas, sin fuelle ya)
-…
-… bueno… pues te dejamos pasar, nosotros aquí charlando y tu con necesidades fisiológicas… (que pomposo eres... capullo)
-Si, disculpen
Para cuando salgo del servicio, ellos ya no están allí.
Mas tarde me entero de que Unai Elorriaga ha publicado dos novelas, es Premio Nacional de Narrativa 2002 y había ido a dar una conferencia. Yo no se que es mas triste, mi actuación y desconocimiento literario, o que él no dijera una sola palabra. Os dejo la foto para que no os pase lo mismo.
Estas cosas solo pasan en los baños.